HISTORIAS Y LEYENDAS RURALES EN LA TIERRA DEL VINO – CAPÍTULO 1

MÁS ALLÁ DE LA MUERTE

(Inspirado en los relatos de Bernardo CORIA ACOSTA)

La historia que nos ocupa tuvo lugar en Cubo del Vino y surgió tras separar la muerte a dos enamorados, al fallecer la novia, sumiéndose su pareja en una honda e inconsolable tristeza.

Pasados los días, los vecinos que visitaban el cementerio para acompañar a sus muertos, veían con terror que la tierra de la tumba de la joven estaba removida, empezando a extenderse el rumor de que la fallecida, negándose a asumir su muerte, se revolvía en su tumba, queriendo abandonarla para convertirse en un alma en pena.

Nadie sabía que el novio, no pudiendo soportar su ausencia, acudía todas las noches al cementerio, la desenterraba y tomándola entre sus brazos, la abrazaba y la besaba, dejándola nuevamente en su tumba antes de llegar el alba.

No hubo que esperar mucho para que se desvelara lo que realmente estaba ocurriendo, pues el joven, viendo que no podía mantener su historia de amor en vida, pasados unos días decidió vivir su amor en la muerte.

De este modo, como todas las noches, el joven extrajo de la tumba el cadáver de la chica y, tomándose una sustancia venenosa, la rodeó con sus brazos, besándola y acariciando sus cabellos hasta que le sorprendió la muerte, siendo hallados ambos cuerpos yaciendo sobre la tumba.

DESCANSANDO EN PAZ

Eran las 10:00 horas del pasado día 29/05/2007, cuando un empleado del Ayuntamiento de Cubo del Vino, se encontraba en el cementerio limpiando de hierbas las sepulturas que aun no están utilizadas, encontrándose algunas de ellas sin protección, con el fin de que se vea con claridad y así evitar que pueda caer alguna persona.

Ignoraba en ese momento que precisamente iba a ser él mismo la víctima de lo que trataba de evitar ya que, desconociéndose el motivo (quizá le dio un mareo, posiblemente resbaló) se precipitó hacia el interior de la una de las sepulturas, con una profundidad de tres metros, ya que tienen capacidad para alojar tres ataúdes, perdiendo el conocimiento.

Así permaneció a lo largo de dos horas hasta que volvió en sí, no pudiendo moverse. Reaccionó y logró sacar del bolsillo su teléfono móvil y con él marcar el número del Servicio de Emergencias 112, no pudiendo llevarse al oído el aparato, únicamente lo ponía frente a él y repetía con voz angustiosa: “CEMENTERIO DEL CUBO”.

Enviaron a la Guardia Civil para comprobar si pasaba algo en el Cementerio de Cubo del Vino, hallando los agentes al empleado del ayuntamiento en el fondo de la sepultura, bajando uno de ellos hasta donde se encontraba éste y arropándolo, ya que se había quedado frío.

Fue necesario avisar a los bomberos para rescatarlo, el hombre perdía el conocimiento a ratos y al volver en sí en una de las ocasiones, en la postura en la que se encontraba, mirando hacia arriba, veía como una puerta que se abría hacia el cielo, asomándose a su llegada uno de los bomberos, que hizo pensar al herido que quizá había muerto, no teniendo muy claro si le salía a recibir San Pedro o el Diablo.

EL MAL DE SU EMINENCIA

Un relato de Rubén MIGUEL LOZANO

Corría el año 1981, creo recordar que yo estudiaba entonces 6º de Medicina, cuando se anunció por el Sr. Cura un acontecimiento sin precedentes en el pueblo: El Obispo de Zamora iba a acudir a impartir la Confirmación a varios pueblos de la comarca, entre ellos Mayalde.

La noticia causó honda sensación en las gentes del lugar, organizándose los preparativos para recibir a su Eminencia con los máximos honores. Nuestra madre encontró en esta situación, una posibilidad más de contribuir al ensalzamiento y mayor gloria del clero y quiso contribuir aportando al evento, la presencia y participación de su marido y sus 3 hijos y nuera. Efectivamente, nos dio un ultimátum de que o acudíamos a acompañar en el Santo Sacramento o nos caerían varios años de maldiciones. Nosotros, convencidos por la fuerza de la razón, decidimos acudir voluntariamente.

El acto tenía previsto comenzar sobre las 4 de la tarde y, como alguno trabajaba y los otros estudiábamos, salimos inmediatamente después de comer destino a Mayalde. Jugándonos el tipo por la carretera, entramos directamente a la Plaza del pueblo, serían alrededeor de las 4 y 10 de la tarde.

Aparcamos el coche y ¡oh revuelo!, la plaza estaba llena de gente. ¿Qué hacían allí, en lugar de estar acompañando al Sr Obispo?. Nadie tenía una respuesta clara: Parece que se ha puesto algo malo, decían unos. Desde luego ha salido muy pálido, decían otros. No podía ni caminar, le debía doler mucho.

Ahí ya me tocaron la fibra: ¿Habéis llamado al Médico?, les dije. No han podido localizarle, me contestaron. ¡Dios, qué tensión! Una situación de urgencia y yo, sin haber finalizado mi carrera, tenía que hacerle frente. ¿Dónde está?. No sabemos con seguridad, se lo han llevado hacia abajo, hacia “Las Puentes”.

Salí de la plaza encaminándome hacia el lugar indicado, cuando poco antes de llegar a “Ca catorce” supe que era el destino correcto. Ví a varios sacerdotes con sotana negra y fajín eminencia saliendo de un corral y que decían: ¡Qué barbaridad, Dios mío!, ¿Qué vamos a hacer? ¡Cómo se ha puesto! Al mismo tiempo, pedían agua caliente y toallas. Me presenté tímidamente ante ellos, ofreciendo mis servicicos para atender al ilustre huésped, dejando clara mi condición de estudiante, ante la ausencia del Médico titular.

¡Ya no se puede hacer nada!, me dijeron ¡ya es tarde!. ¿Pero, qué le ha pasado? Pues que tuvo un dolor muy fuerte en el vientre y se lo ha hecho todo encima. Un desastre, ha manchado todos los pantalones y menos mal que no le ha traspasado a la sotana.

En ese momento le ofrecí que viniera a nuestra casa, que en aquellos días era la única con agua corriente y cuarto de baño, para poder asearse. Él vio el Cielo abierto, pero en un gesto de profesionalidad, quiso terminar primero el acto iniciado y así lo hizo. Volvió a la Iglesia (sin calzoncillos ni pantalones, sólo con la sotana), ante la satisfacción de los fieles que habían permanecido esperando en sus asientos y que, ignorantes de lo acaecido, agradecieron el detalle y se asombraron de su pronta recuperación.

Al finalizar el acto, todos querían besar su mano. Con gesto torero, bendijo a los más cercanos y se despidió camino de nuestra casa. Nuestra madre, a la que ya había puesto yo sobre aviso, había llegado antes, le había preparado la bañera con agua caliente y ropa (pantalones y calzoncillos, éstos últimos nuevos) de nuestro padre. Además,¡oh de nuevo divina providencia!, les preparó una merienda de las que ella sabe hacer, que hizo las delicias de todos los allí presentes, excepto del Sr. Obispo, al que juiciosamente aconsejé mantenerse a dieta. Por ese motivo, concentró rápidamente a su séquito y emprendieron camino de regreso a Zamora.

La reconstrucción de los hechos es aproximadamente así: El Sr Obispo había celebrado ese mismo día, varias Confirmaciones en los pueblos de alrededor, dejando para el final Mayalde. En cada uno de ellos, la gente deseosa de cumplir con tan ilustre personaje, le había preparado un convite. El pobre hombre, por no hacerles un desaire había ido probando todo lo que le ofrecían. En el último pueblo, que creo que era El Maderal, había comido y ya se empezó a sentir mal. Cuando llegó a Mayalde, con el tiempo justo, comenzó la celebración y al poco de empezar notó un fuerte retortijón. Paró de hablar, lo que provocó extrañeza entre los fieles y los primeros comentarios. Logró sobreponerse y continuó; pero, eso sí, un segundo retortijón aún más potente le convenció de la gravedad de la situación. El peligro era inminente, por lo que hizo una señal a D. Tomás para que se acercara. ¿Tiene cuarto de baño en la Sacristía?. La respuesta le heló la sangre. Pues tenemos que salir de aquí inmediatamente, lléveme donde sea porque no aguanto más. Del brazo de D. Tomás fue recorriendo lentamente el largo pasillo que le conducía hasta la puerta de salida. No se atrevía a hacer ningún esfuerzo, cualquier movimiento extra podría ser fatal. Los asistentes contemplaban atónitos lo que estaba sucediendo. ¡Se ha puesto malo, qué pálido va, cuánto debe dolerle!. Por fin alcanzó la puerta y, al sentir el aire frío sobre la cara, todo fue inútil. Sus fuerzas le abandonaron y allí mismo dejó de resistirse. Algunas personas habían salido con intención de ayudar, pero discretamente D. Tomás preguntó a uno de ellos (creo que era el carnicero), si tenía la lave del corral que hacía esquina entre la calle de tío Manolo y la bajada a Las Puentes. Allí le llevaron y allí le encontré como comenté al empezar esta historia.

Parece ser que los Obispos tenían cierto reparo en acudir a Mayalde, no en vano se comenta que varios de ellos fallecieron en la Iglesia oficiando Misa. Quizá este “santo varón” acudía con el temor de añadir su nombre a la lista de difuntos y esto provocara lo ocurrido.

EL NIÑO QUE DESMONTABA A LOS JINETES

 Se corrió la voz en Mayalde, allá por los años 60, contando que un niño de unos 6 u 8 años, recién llegado de la ciudad, le extrañó tanto ver a las personas que iban en burro y cogió tal obsesión, que se abalanzaba sobre ellos, tirándoles de las piernas hasta que conseguía apearlos, llegando a temer las gentes del pueblo de subirse al burro en el casco urbano, no siendo que se les apareciese el niño en cualquier momento.

Esta leyenda surgió del comentario que hizo una persona que presenció de lejos un incidente, cuando ese niño de 6 u 8 años, que era yo, caminaba por el pueblo, al oscurecer, en una tarde de verano, cruzándome con un jovencito casi adolescente que iba sobre un burro. Este joven, pretendiendo asustarme, dijo: “CHAVAL, QUE SACO LA NAVAJA Y TE RAJO”. Yo le creí y, lejos de ponerme a llorar, creyendo que iba a hacer lo que decía, lo agarré de las piernas, tirándolo del burro y, una vez en el suelo, seguí golpeándolo de modo que el hombre que presenció lo ocurrido, pero no escuchó lo que me había dicho el joven, tuvo que ponerse en medio, contando posteriormente la versión que se corrió por el pueblo y que aun hoy en día me recuerdan algunos, entre risas, creyéndola como cierta.

EL BUEN MOZO DE PERERUELA

Inspirado en los relatos que Ramón Manuel CARNERO FELIPE hace en su libro “EL BUEN MOZO, CAPITÁN DE BANDOLEROS”.

El protagonista de esta historia se llamaba Saturnino MARTÍN JUANES, nació en Pereruela de Sayago el 21/XI-1850 y falleció de tuberculosis a los 48 años el día 14-X-1896.

Era un hombre muy alto y corpulento, de gran personalidad y destreza, tanto para la lucha, como para algunos juegos de la época como el de “LA BARRA”.

De procedencia humilde, fue apadrinado por un hombre perteneciente a una familia influyente, que lo protegió, recibiendo una educación impropia para los de su clase en esos años, por parte del cura del pueblo, que era hermano de su padrino.

Estas diferencias que veía desde niño entre las formas de vida de unos y otros, nunca las admitió, no consintiendo tener que resignarse a vivir como su familia, cuando se había criado con la de su padrino de otra forma.

Así, dicen que gran parte de los botines, los repartía a los más necesitados y que sólo atracaba a los ricos.

Aborrecía el trabajo y le gustaba viajar de feria en feria y participar en el trato de ganado, juntándose con sus amigos y compañeros para comer y beber.

Compraba principalmente burros y mulas, que luego vendía en Portugal. Mientras participaba en dichas ferias, la banda se confundía con la gente, enterándose de alguna venta importante que se hubiera realizado, siguiendo posteriormente al vendedor, al que atracaban en el momento que mejor les viniese.

Montaba buenos caballos y vestía al estilo de los serranos ricos, con chaleco de botones anchos de cobre o plata y solía llevar un pañuelo largo en la frente, atado a la nuca, que caía sobre su pecho o espalda.

Era mujeriego, aunque su verdadero amor fue un amor imposible llamada Saturnina, con la que no pudo casarse y comentan que fue una de las razones de que se hiciera bandolero.

Se introdujo en este modo de vida de forma casual y de la mano de un tal ZANCAS,que lo vio en una feria cuando contaba 17 años con esa corpulencia y estatura, le ofreció contratarlo para llevar asnos y mulas a Portugal, trabajo que le pagó bien, desconociendo en un principio la procedencia de muchos de los animales, que eran robados.

Su banda estaba formada, entre otros, por:

NACHO, Antonio PÉREZ GARCÍA, de Aspariegos

EL PORTUGUÉS, José Luis RODRIGO GÁNAME de Peñausende.

EL MOSCO, Fernando NUÑO LEDESMA, de Ledesma, que consiguió hacerse con capital y comprar varias fincas, le dedicó un espacio Don Miguel de Unamuno en su libro Vida de don Quijote y Sancho.

PACO, Francisco SEGURADO PAYO, de Entrala.

EL MELLIZO, Raimundo CABRERO SEGURADO de Entrala.

EL ROJO

EL PERIODISTA

EL BARRIGUITAS

LA TAMBORITERA, Manuela

LA PIORNA

POLICARPO

Con frecuencia atracaban simultáneamente en dos lugares lejanos uno del otro, dividiendo la banda en dos y dirigiendo una de ellas NACHO, que tenía una envergadura similar a la suya, confundiendo de este modo a la gente y a la Guardia Civil.

Únicamente resultó herido una vez y de forma accidental, cuando a finales de enero de 1880, se disponían a atracar la dehesa de Pelilla y se le disparó el trabuco, hiriéndole en una pierna.

EL CURANDERO de MAYALDE, Félix ALVAREZ SANTOS, nació en 1849.

Contaba mi tatarabuelo Félix “El Curandero” que, cuando tenía más de 60 años, viniendo de Zamora de ajustar unas “cortas” de leña, le salieron al camino en “el Cubeto” varios componentes de la banda del “Buen Mozo de Pereruela”, llevándolo a su presencia hacia las cuevas de “Los Caños de Villagarcía”, donde se refugiaban y estaban guisando un carnero. Temió mi tatarabuelo por su vida, ya que los componentes de esta banda, eran “gente de mala prosapia”, sin embargo, al verlo el jefe, lo reconoció por haberlo curado hacía años de una dolencia por lo que, tras invitarlo a cenar con ellos, le extendió un salvoconducto para que lo dejaran pasar tranquilo los otros miembros de la banda que se pudiera encontrar en el camino.

La leyenda, sin embargo, difiere de esta historia en que se cuenta que, encontrándose malherido “El Buen Mozo de Pereruela”, fueron varios de su banda por la noche a la casa del “curandero”, secuestrándolo y llevándolo con los ojos vendados hacia su refugio, donde lo curó, extendiéndole éste un salvoconducto para que no tuviera problemas con los asaltantes de caminos.

No es de extrañar, según dice “Ramón FIGUERUELO ALVAREZ” en el cuadernillo “El Mayaldino” de San Roque 2010, refiriéndose al personaje ilustre Félix ALVAREZ SANTOS “El Curandero”, que él mismo y su familia conocieran perfectamente al “Buen Mozo de Pereruela” ya que, tanto su padre Atilano como su abuelo José, eran de Pereruela.

EL TUERTO DE PIRÓN, que procedía de Segovia, dirigía otra de las bandas que actuaban por la zona.

GUERRILLERO de esta tierra era Don Lorenzo AGUILAR (1.780), que era natural de Corrales y luchó bravamente contra la invasión francesa en la Guerra de la Independencia. Dirigía una partida guerrillera de cincuenta hombres de a caballo armados con lanza, interviniendo en algunas ocasiones con Don Julián SÁNCHEZ “EL CHARRO”, trataba de cortar el movimiento de soldados franceses entre Zamora y Salamanca.

Al ser coronada reina Isabel II, en la lucha sucesoria, Don Lorenzo se unió a los Carlistas, siendo alcanzado en Malillos por los carabineros de la reina, cayendo prisionero junto a su hijo Felipe GUILAR y su cuñado Pedro SÁNCHEZ “EL REJERO”. Conducidos al pueblo de El Cubo, sin más tiempo que el necesario para recibir los auxilios espirituales, fueron fusilados a las seis de la mañana del día seis de noviembre de mil ochocientos treinta y tres.

Otros guerrilleros zamoranos eran Don Mateo DOMINGO, que operó a orillas del Esla, Don Fermín ECHEVARRÍA, de Villalpando, que murió en 1810 y el guerrillero LOSADA, que actuó en la frontera portuguesa, si bien más en la zona salmantina.

EL CURANDERO

Retomando al CURANDERO, mi tatarabuelo FÉLIX ALVAREZ, nació en Mayalde en 1849 y se casó en el mismo pueblo con Simeona RODRÍGUEZ MIGUEL el día 22/07/1870, teniendo doce hijos. Falleció el día 16/01/1917, a las 21:00 horas, por una bronquitis aguda.

Su padre Atilano ALVAREZ, era “cirujano menestrante”, que venía a ser algo así como barbero y sacamuelas, de cuya práctica posiblemente le vino al hijo la afición por su profesión.

No era universitario, pero su habilidad en algunas curas de personas desahuciadas por los médicos, como la del hijo del Gobernador Civil de Zamora, le dieron la oportunidad de examinarse en Ledesma, para lo que tuvo que recomponer un pollo, logrando que le admitieran en la Facultad de Medicina de Salamanca y le autorizaran a ejercer la medicina.

Otros descendientes suyos, han seguido su mismo camino, dedicándose a la medicina actualmente varios de ellos.

La historia del hijo del Gobernador de Zamora fue la siguiente:

El muchacho, a consecuencia de un “mal movimiento” se quedó con la espalda doblada por la cintura, sin poder enderezarse. Fue visto por los más prestigiosos médicos de Zamora, sin que ninguno lograse curarle de su mal.

Como, ya por entonces, el curandero de Mayalde tenía una cierta fama en la zona, llegó a los oídos del Gobernador que éste era muy diestro en solucionar los problemas osteomusculares y decidió llevarle al niño.

El curandero le exploró una y otra vez y concluyó que necesitaba que se quedara unos días, para así poder examinarlo más detenidamente. Iban pasando los días sin conseguir resultados; cuando estaba ya casi cumplido el plazo, decidió ir con el chico al monte a cortar leña y, lejos de las miradas de todos, le dijo: “Va a venir a buscarte tu padre y no he logrado sanarte, esto acabará con mi reputación, así que no puedo consentirlo y voy a deshacerme de tí”. En ese momento alzó el hacha haciendo el amago de clavárselo en la zona lumbar y el niño, de forma refleja, enderezó su espalda queriendo esquivar el golpe y así quedó definitivamente curado.

“LA MULA”

Mil veces he oído contar a mi madre que, por San Pedro, fue a visitar a mi abuela a Mayalde; en aquellos momentos vivía en una localidad próxima desde donde, en una mula, realizó el recorrido.

Pasó con su madre toda la tarde y, por la noche, se acostó un rato, si bien se levantó de madrugada, ya que sus obligaciones exigían que estuviera en su localidad de residencia al amanecer. Por ello preparó la mula y se dispuso a emprender el viaje.

Ya avanzado el camino, al atravesar La Izcalina, le sorprendió una tormenta, de pronto, se oscureció el cielo y comenzó a tronar, los rayos iluminaban todo el entorno y el animal se espantó, por lo que cayó al suelo.

Mi madre era una joven bajita que, asustada, comenzó a llorar, regresando a su lado el animal que, consciente de que ella sola no podía montar, porque la mula era muy alta, se tumbó en el suelo para que pudiera subir.

La oscuridad y la lluvia se apoderó de la noche, estaba perdida y muerta de miedo, sólo se le ocurrió rezar el rosario y dejarse llevar hasta que llegasen a algún sitio habitado.

Rayaba el alba, cuando vio casas, parándose la mula junto de una de ellas. Se vio salvada y, dando gracias a Dios, llamó a la puerta. Cuál no sería su sorpresa cuando salió a abrir su madre, la mula la había llevado a su propia casa de nuevo.

EL CÓLICO

Una mujer de cerca de 60 años, se encontraba delicada de salud. Un día se agravó su estado, no pudiendo soportar los dolores de vientre.

Todos pensaban que se trataría de otro cólico y, para tratar de aliviar sus dolores, la metieron en un horno de pan, que aun permanecía caliente.

La sorpresa de todos fue mayúscula, cuando vieron que lo que le ocurría a la mujer es que estaba dando a luz.

“Joaquín (EL PORTUGUÉS)”

(Inspirado en los relatos de Florencio HERNÁNDEZ)

                                                              

Era uno de los mejores clientes de la taberna de laSra. Lorenza, en El Cubo de la Tierra del Vino, que llegó al pueblo en un momento que contrataron a una partida de trabajadores de la RENFE.

Para levantar los raíles, mientras que por uno de los extremos se necesitaban varias personas, por el lado del PORTUGUÉS, se bastaba él solo.

Era un gran trabajador, se segaba de pradera o de hierba con la guadaña, una fanega y pico diaria. Junto a él llevaba UN CÁNTARO de vino, que a medida que segaba iba bebiendo, acabándose el vino al tiempo que la jornada.

También cortaba leña y tal era su obsesión por EL CÁNTARO de vino, que ajustaba la corta de leña por el precio convenido, más UN CÁNTARO de vino. Le ofrecían darle UN DURO a mayores de lo acordado para que se comprara él mismo el cántaro, que valía tres pesetas y cincuenta céntimos, sin embargo rechazaba el duro y exigía el cántaro de vino.

Otra de las labores que realizaba eran los POZOS, trabajo que realizaba a pico y pala.

Según dicen quienes le conocieron siendo pequeño, le costaba hablar, pues decía en su medio portugués-castellano: “MAS EL PORTUGUÉS SE ME OLVIÓ, MAS EL CASTELLANO NO LO APRENDO”.

Era una buena persona y, pese a los problemas que se suelen asociar a la bebida, nunca se enfrentó con nadie.

AMOR ENTRE SUEGRA Y YERNO

Al quedarse viudo el yerno, se lió con su suegra, viviendo el suegro, huyendo los amantes del pueblo, lo que dio lugar a “CANTARES”:

LA PÍCARA DE LA ——–

Y SU YERNO EL MARICÓN

SE MARCHARON LOS DOS JUNTOS

Y ———- AQUÍ QUEDÓ

SACÁNDOLE LOS CANTARES

Y AHORA YA LOS CANTA BIEN

CON LOS MOZOS DE MAYALDE

 

PLENO EN CASA

Comentaban que hubo un secretario de ayuntamiento que era muy vago y se quedaba dormido los días de pleno de ayuntamiento.

Cansados de esperar al secretario, el alcalde y concejales, iban a su casa a buscarlo y éste los mandaba pasar, celebrando el pleno del Ayuntamiento en torno a su cama, con tal de no levantarse.

AQUEL NEGRILLO CENTENARIO

En las proximidades del cementerio antiguo, había un NEGRILLO CENTENARIO de gran tamaño, cuyo tronco estaba hueco; si el negrillo hablara… Precisamente fue testigo de una tórrida historia de amor, cuyos protagonistas fueron el hijo de un ferroviario y una moza campesina, que se citaban en las entrañas del árbol, donde daban rienda suelta a su pasión, creyendo con frecuencia la mujer mientras era amada, que VEÍA A DIOS.

La voz popular les dedicó una copla, que aun hoy se recuerda:

—LINA Y —-AROTE

SE COMIERON UN CONEJO

Y AL TÍO DE VILLARDIEGUA

LE DIERON CON EL PELLEJO

LA CARRASCA

Era el lugar preferido por las parejas de enamorados, un rincón idílico que hacían los arbustos en la carretera de salida del Cubo, dirección Salamanca, a mano izquierda, donde disponían de intimidad para amarse.

Este paraje estaba muy solicitado, de modo que las parejas que llegaban cuando ya estaba ocupado, tenían que retroceder hasta la primera o la segunda alcantarillas y conformarse con esos lugares que, en caso de “calentón”, también servían.

También se frecuentaba “el pinar”, situado por encima de “la carrasca”, donde igualmente se estaba a gusto.

Muchos descendientes del Cubo, fueron concebidos en estos lugares.

LA BELLA Y LA BESTIA

Allá por los años 60, encontrándose una joven adolescente recién llegada a una dehesa de estas tierras, de madrugada sintió un gran tropel en el exterior de la casa.

Eran las cabras, que corrían a uno y otro lado, pensando la joven que huían de la presencia del lobo.

Se quedó observando lo que ocurría, viendo que de lo que en realidad se trataba, era de que en estas carreras a uno y otro lado, el macho cabrío iba “cubriendo” a las cabras, copulando sobre la marcha.

El macho cabrío se sintió observado por la joven y, a partir de ese momento, cada vez que la veía, corría obsesivamente tras ella, como lo hacía con las cabras.

Más de una vez hubo de refugiarse precipitadamente en la casa, cerrando con urgencia la parte inferior de la puerta de entrada a la vivienda, que era de doble hoja, topando el animal contra la misma y, apoyando seguidamente sus patas delanteras sobre la parte inferior de la puerta, miraba a la joven con los ojos desorbitados, temblándole la cabeza y babeando.

No tuvo más remedio la “bella” joven que armarse de valor y defender su honor para lo que, provista con una garrota, iba por la finca de un lado a otro y cuando “la bestia” corría hacia ella, la esperaba atizándole con la misma, hasta que desistió en su empeño.

 

PRESENCIAS EXTRATERRESTRES

He tenido conocimiento de un fenómeno ocurrido en el mes de junio de 1978, a través de diferentes testimonios de personas de Mayalde y pueblos limítrofes, que prefieren guardar el anonimato, por temor a ser consideradas como locas.

Las experiencias relatadas, tuvieron lugar simultáneamente en diferentes puntos de la zona citada, en una noche del mes de Junio, en los días en que se preparaban las primeras elecciones de la democracia.

Así pues, en uno de estos pueblos, siendo alrededor de las 22:30 horas, una mujer se encontraba charlando en la calle con una joven cuando, de pronto, apareció una luz muy potente que se movía sobre ellas hacia delante y hacia atrás, permaneciendo unos minutos con este movimiento.

Seguidamente llegó corriendo otra vecina del pueblo que, muerta de miedo gritaba: “¡QUÉ MIEDO!, ¿HABÉIS VISTO ESO?, YO ME VOY PARA MI CASA.

Al mismo tiempo salió también un niño de unos 10 años que, asustado igualmente corría hacia su casa.

En el Cubo de la Tierra del Vino, a esa misma hora, unos 15 chavales de entre 11 y 12 años, se encontraban junto al puente de la salida del pueblo, cuando vieron aparecer en el cielo como una luna, pero más brillante, que se desplazaba lateralmente, se quedaba fija unos instantes y luego seguía con su movimiento, prolongándose ese fenómeno durante unas 2 horas. Uno de estos jóvenes, unos 10 años más tarde, encontrándose en LA IZCALINA en una noche clara, pudo ver a media altura en el cielo la misma luz, que permaneció estática durante un buen rato.

En otro pueblo cercano, sobre las 23:00 horas de esa misma noche, una mujer corrió aterrorizada hasta su casa, tras ver aparecer dos gigantes vestidos de blanco, que desprendían una luz y sobresalían por encima de la tapia del corral, de modo que el pecho les llegaba a la altura del tejadillo del portón.

En esa misma localidad y esa misma noche, a un chico que iba en bicicleta hacia el pueblo, regresando de atender el ganado, se le apareció una luz que le cegaba y no veía el camino, llegando a su casa muerto de miedo.

Sobre las 02:00 de la madrugada, una joven regresaba al pueblo conduciendo su vehículo y, de repente, vio un resplandor sobre su coche, que se paró en ese momento, siendo imposible ponerlo nuevamente en marcha. Asustada, permaneció inmóvil en el interior del coche durante una media hora, hasta que desapareció el resplandor y se puso nuevamente el vehículo en marcha.

Poco después, entre las 02:00 y las 03:00 horas, una chica de 18 años, viajaba de Zamora a Peñausende, conduciendo su Seat 600 y, cuando se encontraba a la altura del cruce de Cabañas, vio una luz que la deslumbraba frente a ella, pensando que se trataba de otro vehículo que llevaba la larga, por lo que le hizo señales con las luces. A medida que esta luz se acercaba a la joven, se iba haciendo más grande, hasta colocarse sobre el vehículo. En ese momento se paró el coche, al tiempo que la joven sintió un enorme calor en la cabeza, cerrando los ojos pensando que se iba a morir. Así permaneció unos minutos que no puede calcular, hasta que dejó de sentir el calor, momento en que abrió los ojos, viendo que la luz se alejaba velozmente por el cielo, pudiendo entonces ponerse en marcha y continuar su viaje.

Algo más tarde, sobre las 04:00 de la madrugada, un joven procedente de Ledesma, conducía su vehículo cerca de Peñausende, a la altura del “TESO SANTO”. En ese lugar hay una hondonada sobre la cual pasa el tendido eléctrico de alta tensión y justamente bajo los cables apareció una inmensa bola de luz suspendida en el aire. Todos los componentes electrónicos del automóvil se encendieron parándose el motor, si bien al ir cuesta abajo, siguió su marcha por la inercia y fue una vez pasado el campo magnético, cuando el vehículo volvió a ponerse en marcha, huyendo del lugar el joven a toda velocidad.

Ignoramos la repercusión que pudo tener este fenómeno en las personas que lo presenciaron, si fueron abducidas, algunas de ellas lo han olvidado, otras (como he dicho anteriormente) no quieren que se sepan sus nombres.

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